sábado, 22 de marzo de 2014
Los Ejércitos Vencidos
Los ejércitos vencidos ya no retornarán a casa.
Los paraliza la inmóvil brisa del canto de los futuros que no llegaron.
Se entremezclaron, se bendijeron, se infirieron un disparo en el centro de las certezas.
Levantaron la copa pero no bebieron.
Los arreboles que sangran en mi ventana,
vienen a recordar pasados días de gloria.
El viejo y barato reloj de la pared
se mezcla con el silencio observante.
El tiempo avanza sin tregua camarada.
Los ejércitos se burlan de mi cuando les pido preparase a la batalla.
sábado, 6 de julio de 2013
Despedida
Llevó tu nostalgia infinita,
que a larga se nos va convirtiendo en costumbre.
Al final nadie la ve.
Llevo ese poder del silencio y esa soberbia genuina,
esa dureza que no engaña a nadie,
ese temor a quedarme solo.
Eso de no llorar ante nadie,
eso de ironizar ante todo.
Te debería haber escrito en perfecta métrica y con una copa de vino en la mano.
Debería haber revisado la puntuación, la ortografía y la rima.
Y después de todo aquello, debería haber hecho estos versos de nuevo.
Nunca he aprendido a rimar los recuerdos.
martes, 4 de junio de 2013
El retorno de la Vieja Guardia
Por mandato divino viene bajando,
pero resguardando no bajar tanto,
la Vieja Guardia de prisa,
a mirarnos las verijas.
Vienen con toda su sapiencia,
también con su grandilocuencia:
¡Muévanse todos para el lado,
que ya pasaron los cuatro años!
Coordinaciones de por medio,
a fotografiarse con los medios.
¡Ni se atrevan jovencitos,
ya les pasamos el partido un ratito!
Schilling, la alegría ya viene.
viernes, 19 de marzo de 2010
miércoles, 12 de agosto de 2009
Corte editorial

Comuníquese a la parte de mí
que no ha entrado en comunicación conmigo mismo,
que las tardes vecinas me declaro en crisis
y en estado de sitio se encuentran las ganas.
Anóteseme conectado con la rabia,
traicionándome,
aponiéndome,
manoseándome,
moldeándome.
Publíquese la decisión de ser incongruente
a cualquier precio y a través de cualquier medio
con el único fin de mantener desinformado
a quien se atreva a darle lógica al curso del reloj.
Archívese este capítulo
que no es más que una seguidilla de paradojas
de un libro inconcluso y siempre recursivo
lleno de faltas de ortografía y faltas a la verdad.
martes, 19 de mayo de 2009
Entre paréntesis

Entre paréntesis tengo una angustia absoluta,
que me carcome por cada hoja de este otoño macabro.
Entre paréntesis se me pudren los espejismos,
se me desarma el horizonte.
Entre paréntesis sigo distanciado conmigo,
y me rebelo a la cotidianeidad de los hechos.
Entre paréntesis me duelen las cicatrices,
se reabren periódicamente las heridas.
Entre paréntesis me acuesto con la muerte,
el sulfato del fin perfuma las habitaciones.
Del paréntesis hacia fuera sigo avanzando,
pero no sé adónde.
jueves, 14 de mayo de 2009
Se me perdió un poema

Una noche como tantas, escape a un bar a emborracharme. Escapar del asesino de mi poeta que coexiste entre mis carnes. Escapar de la inocencia del hombre público que aparece en Google, registros indexados, y tanta otra porquería. Escapar de la tormenta cotidiana de lidiar con los dos bandos de mi sentir.
Así que tome mi sombrero, me puse mi abrigo y fui a la barra de siempre. Pedí lo de siempre. Comencé mi camino a la embriaguez sin retorno. Busque entre mis bolsillos algún papel, algún lápiz. Nada. Entonces, como en alguna otra ocasión, me robé un par de servilletas y le pedí un lápiz a la cajera. Me hundí en la tinta y comencé a esbozar melosías descarnadas. Y he ahí la visualización del problema, al darme cuenta que perdí un poema.
El de las quimeras y las luchas por futuro.
El de revoluciones completas.
El poema que me erizara el alma.
El verso valiente proponiendo más que monedas.
El poema describiendo el fin de soledades.
El verso intransigente para los perpetuadores.
Me revelé a la estática, a la victoria del verso sobre el asesino de mi poeta. Y brinde por el recomienzo, por los versos venideros y mis compañeros que acompañarán el camino al renacer de los poetas adormecidos en los bares de esta ciudad oscura.
Al día siguiente una llamada me recordó que debía seguir blufeando por el camino de las estructuras. Se me perdió un poema una y mil veces.
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